JOSEFA CELDA RECIBE LOS RESTOS DE SU PADRE FUSILADO EN PATERNA:"POR FIN PODEMOS DEMOSTRARLE QUE NO LO HEMOS OLVIDADO"
Viernes, 12 de Abril de 2013 17:56
Los restos de José Celda, fusilado durante la dictadura franquista y enterrado en una fosa común de Paterna (Valencia) en 1940, han sido entregados este viernes a su hija Josefa Celda, después de varios años "luchando" para lograr la exhumación e identificación de su padre. "Por fin podemos demostrarle que no lo hemos olvidado", ha celebrado Josefa.
teinteresa.es / EUROPA PRESS /12-04-2013

Junto a ella, las familias de Francisco Fenollosa y Ramón Gandía han recibido también los restos de sus familiares fusilados y enterrados en la parte de arriba de un fosa común de Paterna. Todos ellos con una particularidad, sus familiares se arriesgaron, en complicidad con el enterrador, para meterlos en ataúd con una botella en la que figuraba su nombre.
Después de cuatro años desde que Josefa emprendiera la lucha por recuperar los restos de su padre con el objetivo de llevarlos a descansar junto a su madre, en Massamagrell, es como un "milagro". En este tiempo ha encontrado numerosos "impedimentos" por el camino, ha recordado, "aún estoy agradecida" porque el Ayuntamiento de Paterna, "aunque con impedimentos, ha dado el sí" para la exhumación.
"Estoy contenta por un lado y dolida por otro, porque esto ha sido muy duro y nos trataron tan mal", ha lamentado en declaraciones a Europa Press.
Tanto ella como las familias de Francisco Fenollosa y Ramón Gandía han estado presentes esta mañana en un homenaje que ha tenido lugar en el salón de plenos del Ayuntamiento de Massamagrell, de donde eran los fusilados. El acto ha contado con todos los grupos menos con el PP.
Desde el momento en el que se llevaron a su padre, Josefa ha "padecido mucho" confiesa. "Yo tenía 7 añitos y a mis padres cada uno en una cárcel. Soy una superviviente de la posguerra, desde pequeña he tenido que buscarme la vida, no he pisado un colegio. Mi vida ha sido una vida un sacrificio, muy triste".
"La víspera en que mi padre fue fusilado me llevaron a verlo y me dijeron que no llorara delante de él y ya no he podido llorar nunca. No he sido una persona normal porque no lloro a los muertos", ha admitido.
Mañana a las 19.00 horas recibirán un homenaje en la Casa de la Cultura de Massamagrell y esta tarde, Ramón Gandia será enterrado en Massamagrell. El 14 de abril en el cementerio de Paterna, donde los restos de quienes no han sido reclamados volverán a la fosa común.
Así, los restos de Manuel Gimeno, identificado junto a los demás pero a quien no se le conocían familiares, volverán a la fosa, ya que los allegados que se han localizado, han preferido no llevarse sus restos.
"DEUDA HISTÓRICA"
El coordinador del Grupo por la Recuperación de la Memoria Histórica (GPRMH), Matías Alonso, ha manifestado que la de hoy ha sido "una experiencia muy intensa". "El pueblo ha conseguido un homenaje en el mismo Ayuntamiento, donde algunos fueron concejales" en la época. Con este "reconocimiento", se "cierra una herida y se paga una deuda histórica", ha subrayado.
No obstante, el equipo de gobierno del PP "ha brillado por su ausencia", ha lamentado. En la misma línea, "el Ayuntamiento de Paterna no se ha querido hacer cargo de los restos", que en estos momentos se encuentran bajo la custodia de la Policía Local de Massamagrell.
En cualquier caso, para las familias "empieza una etapa de paz en el espíritu porque sabe ha hecho todo los posible y ha triunfado sobre las adversidades" y han podido demostrar que los suyos "eran una buenas personas y los mataron injustamente", ha concluido.
NACIERON, PERO NO MURIERON OFICIALMENTE
Jueves, 11 de Abril de 2013 08:30
Conchita Viera es la hija de un alcalde asesinado en Valencia de Alcántara en 1936. Su familia lloró en silencio el crimen y el posterior rechazo social: la madre de Conchita nunca más volvió a salir a la calle. Hoy Conchita lleva en la mano un proyecto aprobado por el Gobierno para recuperar sus restos. La ampara también la Ley de Memoria Histórica. Sin embargo no puede llevarlo a cabo debido a algo tan burdo, pero todavía increíblemente poderoso: la negación de la dueña de la finca donde se encuentran los restos.
La familia Viera sigue sin verdad, sin justicia y sin reparación. Pero la dignidad de Amado Viera Amores es la memoria democrática de todos.
Un reportaje de MÓNICA SOLANAS Fotografía de AITOR FERNÁNDEZ
DATECUENTA / 10-04-2013

La vida no está fácil para la mayoría. Quienes asientan el Estado en algo que sucedió hace más de treinta años, quienes hablan de una transición política y social en nuestro país, no se dan cuenta de que tantos años hace que enterraron a Franco como los que el Dictador estuvo en el poder. Es mucho tiempo como para seguir argumentando en base a una conciliación nacional que, por otra parte, siempre será una burda mentira mientras las cunetas sigan llenas de personas desaparecidas, sin derecho a ser enterradas dignamente.
El Francés, Raskolnistán
«Reconstruyo la historia de mi padre dentro del ambiente de tristeza y de dolor de mi madre. Tardé años en hacerlo, preguntando por aquí y por allá, y también a través del libro del historiador Julián Chaves»
Conchita Viera Nevado tiene 80 años. Vive en un pueblo de Cáceres, Valencia de Alcántara, muy cerca de la frontera con Portugal. Cuando asesinaron a su padre ella tenía tres años y su hermano, ya fallecido, ocho. Amado Viera Amores fue el último alcalde democrático que tuvo la población, tras el golpe de estado del general Franco, hasta 1979. Estuvo en el cargo cinco meses, de febrero a julio de 1936. Tras ser obligado a dejar la alcaldía, fue detenido y puesto en libertad sin cargos dos veces. El 25 de septiembre de ese mismo año un policía y dos falangistas, armados, fueron a buscarle a su casa. «Dijeron que lo llevaban a Cáceres —explica en la entrevista que mantuvo con DateCuenta—, pero lo llevaron a matar junto a otros doce hombres en la mina Terría de la finca Cuadrillas de Arriba, en la carretera comarcal de Cedillo, dentro del mismo término municipal. Tenía 33 años»
Viera, otro republicano víctima de su época
Amado Viera Amores nació en Ceclavín (Cáceres) el 11 de octubre de 1902. Estudió Derecho en la universidad de Salamanca y trabajó como abogado. Se instaló en Valencia de Alcántara, se casó y tuvo dos hijos. Los problemas sociales de la época fueron una de sus grandes preocupaciones. «Mi madre contaba que paseaba muchas veces por el despacho, con las manos en la cabeza: ¿Pero qué le va a dar esta pobre gente de comer a sus hijos?». La religión, la reforma agraria, la educación, fueron temas sobre los que manifestó sus opiniones, progresistas, las cuales publicó en la prensa local y regional. Esas mismas ideas le llevaron a ingresar en el sindicato socialista El Redentor, que presidió en dos ocasiones, además de adherirse a las Juventudes Socialistas y colaborar en la fundación de la Casa del Pueblo. En febrero de 1936 fue nombrado alcalde de Valencia de Alcántara. «El 18 de julio de 1936 le obligaron a dejar el cargo», explica Conchita. Lo hizo pacíficamente, porque ese era su temperamento; «siempre llamó a la gente a la paz y a la concordia, incluso estando delante de sus verdugos»
El 25 de septiembre de 1936, un grupo de falangistas fue a buscar a Amado Viera Amores con la excusa de que les acompañase a la Inspección de Policía, en la ciudad de Cáceres. Pero no era más que una burda mentira. Otra más. La realidad es que le detuvieron ilegalmente, le secuestraron, le fusilaron y le desaparecieron. Le sacaron de su casa, le subieron a un coche, le llevaron a Cuadrillas de Arriba, una finca sita en el mismo municipio en el que vivía, y, junto a otras doce personas (cifra que no podrá ser comprobada con exactitud hasta que no se acceda a los restos de la fosa), fue asesinado. Tiraron los cuerpos al interior de la mina Terría, dentro de la finca. Han pasado casi 77 años desde ese día, y los cuerpos de los asesinados continúan allí.
El silencio que provoca el miedo
«Después del crimen de mi padre nos desalojaron de la casa donde vivíamos». Los dueños se presentaron de noche y obligaron a Conchita, a su hermano y a su madre a marcharse. Tuvieron que refugiarse en la casa de los abuelos, junto a los hermanos de su madre. «Mi padre había comprado otra vivienda, que es en la que actualmente vivo, pero entonces no nos dejaron ocuparla. Decían que era de Franco». Todo era de Franco, también sus vidas. Hasta que recuperaron su casa, sobrevivieron gracias a la herencia de sus abuelos y la ayuda de sus tíos. El Tribunal de Responsabilidades Políticas de Cáceres les impuso una multa. Este Tribunal se amparaba en la Ley de Responsabilidades Políticas (LRP), la de mayor alcance represivo; fue aprobada el 9 de febrero de 1939 y su principal función era la de culpabilizar y sancionar a aquellos que habían respaldado a la República por «haber desencadenado la Guerra Civil al oponerse al Alzamiento del 18 de julio, reparando los daños morales y materiales provocados por su comportamiento político»: un amplísimo espectro de la población. Estas sanciones eran establecidas de manera paralela a las leyes penales españolas, lo que permitía imponer diversas condenas contra los republicanos: desde larguísimas penas de prisión y trabajos forzados —de entre diez a treinta años—, con inhabilitaciones y prohibiciones civiles incluso para aquellos que cumplieran las condenas íntegramente, hasta la pena de muerte.
|
LA MEMORIA HISTÓRICA AL CALOR DE UN LAPICERO
Viernes, 12 de Abril de 2013 08:21
Sin financiación, sin presencia en el espacio público, sin interés para el Gobierno, los represaliados en la Guerra Civil y el Franquismo continúan enterrados y el Valle de los Caídos honra únicamente a los vencedores.
eldiario.es / ELENA CABRERA / 12-04-2013

Técnicos de Patrimonio Nacional trabajan en La Piedad del Valle de los Caídos. / Javier García-Guinea
A finales de este mes de marzo fue desenterrado un lapicero. No era muy largo, por lo que a simple vista podía deducirse que su dueño había escrito mucho con él. Él, el dueño, murió fusilado en Urbasa (Navarra) en 1936. Se llamaba Balbino García y era el abuelo de la escritora Julia Otxoa quien, al pie de la excavación, recibió de mano del forense Francisco Etxebarria este lapicero. Con la extrañeza de esos mensajes privados que navegan del pasado hacia el presente, sin saber lo que ocurriría trece años después, Otxoa tituló su libro de poemas del año 2000 Al calor de un lápiz.
El equipo de Etxebarria, de la Sociedad Aranzadi, abrió un boquete en la entrada sellada con cemento a la Sima de El Raso. Esperaban encontrar tres cuerpos cuya identidad conocían de antemano pero al hacer una primera inspección de la fosa comprobaron la existencia de seis esqueletos. Al bajar para realizar la exhumación, unos días después, el número se elevó hasta diez. Siete desconocidos más asesinados y arrojados a una profunda sima en un terreno montañoso. Uno de ellos es una mujer, quizá una maestra de escuela desaparecida en aquel mismo tiempo. Junto a los cuerpos, una granada de mano de tipo piña, sin detonar.
Este ha sido el primer desenterramiento de las evidencias de la represión franquista realizado en el año 2013, y uno de las pocos que se harán, debido a la desaparición del cien por cien del presupuesto público para la memoria histórica. Y el desconocimiento de lo que la tierra entierra y la sorpresa de pasar de tres nombres a diez, con siete signos de interrogación en los cuerpos, simboliza en qué punto de ignorancia sobre sí misma vive aún la Historia de la Guerra Civil y el Franquismo respecto al bando derrotado.
La memoria histórica ha desaparecido de la agenda política y mediática, como si se tratara de un tema de consumo pop informativo y ahora estuviéramos en un tema más apasionante: sobrevivir a la crisis. Dicen los expertos, como el antropólogo del Csic Francisco Ferrándiz, que hay dos claves. La primera es que excepto algunos temas permanentes, en general estos tienen ciclos de interés. El pico de este ciclo para la memoria histórica fue la primera década del siglo XXI, con un gran impacto mediático, un ritmo vertiginoso, portadas de periódicos, documentales, radio, medios internacionales... hasta que el tema se saturó en el espacio público como "consecuencia del carácter bulímico de la sociedad del conocimiento". Durante aquella etapa de gran festival del memorialismo hubo cuatro momentos sobresalientes: el debate sobre la apertura de la fosa a la que fue arrojado Federico García Lorca, la Ley de Memoria Histórica, el auto de Baltasar Garzón y el Valle de los Caídos. Para que la curva de interés sobre la memoria histórica vuelva a subir tiene que impulsarlo un nuevo pico de interés, que en estos momentos Ferrándiz no puede adivinar de qué se tratará: "puede que en dos años rebote el interés, porque es un ciclo, volverá transformado de otra manera".
La segunda clave es el efecto crisis. "La crisis ha borrado de la agenda pública no sólo la memoria histórica sino también otros temas, como la reforma laboral o la precarización del empleo, homogeneizando el espacio público" analiza Ferrándiz, que concluye aventurando que, a pesar de la victoria del Partido Popular en las elecciones generales, "si no hubiera habido crisis se habría podido defender mejor el mantenimiento de las ayudas a la memoria" pero, en estas circunstancias, "el Gobierno ha sido hábil y ha aprovechado la circunstancia del recorte en todas las partidas" para dejar sin presupuesto a las asociaciones memorialistas y de familiares de las víctimas.
SAN SEBASTIÁN HOMENAJEA A LOS FUNCIONARIOS REPRESALIADOS POR EL FRANQUISMO
Miércoles, 10 de Abril de 2013 09:38
La corporación donostiarra, con la asistencia de ediles de todos los partidos, ha rendido hoy homenaje a los funcionarios municipales que fueron represaliados durante el franquismo, en un acto en el que sus familiares han llenado el salón de plenos.
diariovasco.com / EFE / 05-04-2013
Concejales de Bildu, PSE-EE, PP y PNV han respaldado este homenaje, en el que se ha presentado un trabajo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi que determina, "a ciencia cierta", que 1.623 funcionarios fueron "investigados o depurados" durante esa etapa, y siete fusilados, ha explicado el representante de esa entidad Iñaki Egaña.
Este informe es un encargo con el que el Ayuntamiento, que gobierna Bildu, ha querido dar "un primer paso" en el reconocimiento a estos trabajadores, ha destacado el alcalde, Juan Karlos Izagirre.
Según los datos recabados por la Sociedad Aranzadi, de estos funcionarios, 765 fueron destituidos definitivamente en sus puestos, mientras que el resto o recuperaron su empleo o fueron jubilados forzosamente o padecieron suspensiones temporales.
Un músico, un barrendero y un sereno se encontraban entre los siete ejecutados por los franquistas, a los que se suman dos afiliados del Partido Socialista que fueron concejales durante el periodo republicano.
El estudio de Aranzadi recoge también el fusilamiento de nueve funcionarios del consistorio, en los meses posteriores al alzamiento de las tropas de Franco, por "ser susceptibles de simpatizar con los rebeldes", así como la ejecución de dos alcaldes de derechas durante el periodo republicano "por ser simpatizantes del Frente Popular".
El alcalde ha pedido perdón a los allegados de los represaliados por "la tardanza" con la que han recibido este tributo.
"Es un homenaje sencillo, pero el compromiso es total", ha subrayado Izagirre, quien confía en que, "tras 70 largos años, las palabras verdad, justicia y reconocimiento" se puedan aplicar a esas 1.623 personas.
Se ha comprometido a "trabajar" para que aquellos expedientes que se les incoaron "sean declarados nulos".
Al término de los discursos, los familiares de los homenajeados han recibido diplomas en los que consta el número de expediente del archivo municipal en el figuran los casos de cada uno de ellos, que han sido entregados por miembros de la corporación.
Igualmente se ha dado lectura a los nombres de aquellos cuyos familiares han podido asistir hoy a este acto, algunos llegados "de lejos". EFE
|